lunes, 28 de julio de 2008

Adultera fiel.


Sus sospechas provenían de muchos meses atrás. Se mujer mostraba cada día menos predisposición y alegría hacia él. Ella, ocasionalmente, llegaba más tarde de lo debido, dando explicaciones sin sentido. Estaban unidos por quince años de matrimonio y parecía que esto era lo que más los alejaba. Él era de una buena clase social, pero su empresa en lo últimos meses había decaído mucho, y posiblemente el año entrante tendrían que cerrarla. Ella trabajaba en una asociación para el cuidado de los ancianos y era frecuente que se quedara hasta altas horas de la noche, según ella en su oficina y haciendo proyectos que no podían esperar al día siguiente. Otras veces regresaba del trabajo, estaba media hora con su marido y volvía a la asociación. Él la esperaba sentado en la sala, mientras le echaba un ojo al periódico. Un día notó particularmente extraña a su esposa, y la halló muy nerviosa. Ella le dijo que tendría que volver a su trabajo, porque había olvidado su cartera. Después de que ella se marchara en la camioneta, él le pidió prestado el auto a su vecino Stoply. Había dos autos más en la cochera, pero no podía usar ninguno de los dos en esa ocasión. Sabía que ella tendría que parar en la estación de servicios, para cargar combustible, porque a la camioneta le quedaba muy poco; y eso le daría el tiempo suficiente para alcanzarla. Luego de medio kilómetro en el auto, él vio a su mujer saliendo del lugar donde él pensaba, debía haberse detenido ella, y con mucha cautela siguió su mismo camino. Pasaron alrededor de quince minutos antes de que la mujer comenzara a disminuir notoriamente la velocidad, hasta parar por completo frente a una linda y amplia casa de color blanco. Él se quedó a varios metros de distancia, dentro del auto y con las luces y el motor apagado. Ella Entró en la casa como si fuera la suya. Su esposo se bajó rápidamente del auto y fue corriendo hasta la casa. Se paró un momento. No sabía qué hacer, hasta que decidió aproximarse a una ventana. La cortina estaba corrida, pero un pequeño trozo de vidrio sin cubrir hacía del lugar, el sitio perfecto para un espía. Dentro de la casa solo habían dos personas: su mujer y un hombre de aproximadamente unos cuarenta años. Los dos estaban abrasados y mirándose de frente. Comenzaron a besarse de manera apasionada, a la vez que lo ojos de quien miraba por la ventana se llenaban de lágrimas. Allí estaba su mujer y el hombre que le había quitado el amor de ella. Ambos se desnudaban, mientras continuaban besándose y caían sobre una cama. Las sospechas parecían no ser falsas. El recuerdo de una mujer pura y un vestido blanco se desintegraba, y se perdía en el tiempo. Se encontraba viendo cómo su mujer estaba con otro hombre, y no hacía nada para evitarlo, absolutamente nada. No quería hacerlo. Prefería que fuera de otro, antes que perder su amor por completo. Decidió no mirar más y fue engañosa la sensación que recorrió su cuerpo, al cerrar los ojos y sentir como si una almohada sostuviera su cuello; y tan doloroso era lo que vivía que al estirar su mano le parecía que podía tocar a su esposa.

martes, 22 de julio de 2008

Un día en dos dimensiones.


Un rolo de coronilla estaba tirado del otro lado de la calle y yo lo observaba con mucha atención. No tenia nada en particular, simplemente me gustaba. Además pensaba en cuánto tiempo debió vivir ese árbol antes de llegar a tener un tronco de ese grosor. Tal vez cien años o tal vez más. El día estaba cerrado de agua, con bastante viento, y hacía mucho frío, era lo que se dice un día de temporal. El fuego ardía con muchas ganas frente a mí mientras una taza de café me calentaba las manos al sostenerla. Para ser media tarde estaba bastante oscuro. Al costado de mi casa estaba la casa de los Crowendel. Ellos eran una familia rara; rara si, pero siempre fueron muy buenos vecinos. Desde que llegaron, hace más de tres años, nunca tuve ninguna queja de ellos, ni nada de qué quejarme. No obstante una sensación extraña recorría mi cuerpo, cada vez que los observaba o simplemente escuchaba su voz. No era miedo, pero tal vez algo de xenofobia, a la que le habían extirpado el egoísmo. Varias veces vi en su jardín objetos extraños, de colores llamativos. Nunca supe lo que eran. Recuerdo que en una ocasión colgaron en uno de los árboles de su casa un peine, según ellos para que el viento calmase. Definitivamente eran muy supersticiosos.
Decidí llamar a los Crowendel. Solía llamar a su casa frecuentemente por una cosa u otra. Ahora lo hacía para preguntar por la señora Crowendel, que en los días pasados no había estado muy bien con el tema de su diabetes. Dejé sonar el teléfono tres veces y colgué por miedo a que estuvieran descansando. Volví la cabeza hacia el tronco que estaba del otro lado de la calle, después miré el fuego y por fin me dediqué a terminar mi taza de café. Luego de unos cinco minutos volví a llamar por teléfono a la casa de al lado. Esta vez no fue necesario esperar mucho, me atendieron enseguida, como si estuvieran esperando mi llamada, o si recién hubieran acabado una llamada de escasa duración. Esto me sorprendió, pero me llamó mucho más la atención no conocer la voz que me contestó. No supe si era la voz de un hombre o de una mujer. Estaba seguro de haberme equivocado al marcar el número de teléfono. Pedí disculpas y colgué. Me quedé unos segundos meditando sobre lo sucedido y revisando el número dizque nuevamente a la casa de los Crowendel. Un instante y la misma voz me contestó otra vez. Ahora me di cuenta que era la voz de un hombre. Una voz áspera. Me propuse pensar que las líneas estaban ligadas como a veces pasa. Por lo tanto colgué. Me saque los lentes y pensé que un vaso de agua no le viene mal a nadie nunca. Fui a servírmelo y de paso aproveché para buscar mis remedios, que ya era hora de tomarlos. Cinco pastillas y un puñado de gotas atravesaron mi boca y llegaron a mi estómago. Ya estaba pronto para otro intento así que volví a llamar a la casa de los Crowendel. Sentí como que ya había vivido ese día, porque la voz áspera me saludó de nuevo. Yo le devolví el saludo. Después de eso ninguno de los dos habló. Se podían oír algunos ruidos raros y confusos provenientes del lugar en donde estaba mi remitente. Algunos quejidos, voces a lo lejos, incluso hasta podría asegurar que escuché un grito de una voz conocida. Me sobresalté y la única reacción que tuve fue la de colgar. Todo esto no parecía muy normal. Sentí muchas veces eso de que las líneas se ligaran, pero a mí en tres años que había llamado a lo de los Crowendel nunca me había pasado. Esa voz conocida me puso muy nervioso. Tal vez ir hasta la casa de mis vecinos no escapaba a los parámetros de lo razonable, pero antes quise llamar una vez más. Esa voz de nuevo habló. Yo permanecí callado. Pensé que él iba a colgar pero no lo hizo. Como la vez anterior, escuché ruidos y sonidos extraños hasta que finalmente pude reconocer lo que me pareció la voz del señor Crowendel en un grito de auxilio. De inmediato y dominado por la desesperación corté la llamada y me dispuse a llamar a la policía mientras pensaba en qué era lo que quería ese hombre y por qué había dejado que yo escuchara lo que pasaba. La policía llegó en un lapso de tiempo de diez minutos aproximadamente, y rodeó la casa. Yo salí afuera, tal vez sirviera de algo. Me agradecieron por avisarles y me pidieron que me mantuviera alejado. Los agentes entraron en la casa por la fuerza y revisaron todo. Me quedé petrificado al ver la cara de susto y asombro que tenían los cinco miembros de la familia Crowendel, a la vez que preguntaban qué pasaba y por qué habían entrado en su casa así. La policía les explicó lo de mi denuncia y yo les conté lo que me había sucedido. Ellos se reían entre el sarcasmo y la ironía, pero yo estaba cada vez más asustado. Yo estaba seguro de que la voz que pedía ayuda era la del señor Crowendel.
Me fui a mi casa de nuevo, sin poder de parar de pensar en todo esto. Tal vez mi audífono estaba decompuesto. Me senté en el living. El fuego ardía más que nunca con un gran tronco de coronilla que me resultaba conocido y el teléfono ya no estaba encima de la mesa.

sábado, 21 de junio de 2008

Recuerdos del viento.


El mismo pensamiento ondulaba en su mente hoy, como lo había hecho varios días antes. Subió el primer escalón y se detuvo para esperar que las otras personas, que estaban delante de él, ascendieran. Subió al segundo y dio una mirada por el parabrisas, donde un sol hermoso se explayaba. Pasó al tercer escalón y tomó el boleto. Luego siguió por el pasillo y esquivando a varias personas, fue a dar a un asiento cerca del final del ómnibus, contra la ventanilla. Le llamó la atención que al tocar el marco de la ventanilla, este no estuviera frío, sino a temperatura ambiente. El asiento parecía ser más cómodo de lo habitual. Las personas se veían muy pálidas, demasiado. Sin embargo no se detuvo a examinar estos detalles porque pensó que serian consecuencia de la misma situación, que él vivía. El Sol le dio en la cara y nuevamente llamó su atención. Miró el horizonte y predijo que tal vez faltaba un cuarto de hora para que el sol se ocultase. Tomó la cortina gris, que parecía muy desgastada, y la apartó para tener la ventanilla totalmente descubierta. Su acompañante lo miró, con cierta indiferencia. Comprendió que lo mejor sería devolver la cortina su lugar, pero no pudo con la tentación de dejar apenas un hilo de luz sin cubrir. Se apoyó en el negro respaldo y se dispuso a observar al sol a través de la cortina. Ahora no tenía que entornar los ojos, ni dejar de mirar fijamente al sol, sino que podía disfrutar de su aspecto, aunque algo distorsionado. Aquello, afuera, perecía una película, o más bien un sueño. Podía ver los árboles, las calles, galpones y hasta los cables del tendido eléctrico, pero todo era raro. Por un momento volvió a colocar su cara frente a la luz directa del sol, que lo encandiló. Acto seguido se tapó con la cortina y continuó mirando el sol que cada vez estaba más cerca de ocultarse. Un montón de ideas locas sobrevolaron su mente. Le parecía una aventura viajar a la par del sol, ver como el final de su día, era también el final de un ciclo solar. El atardecer era bellísimo y a través de aquella cortina era aún más hermoso. El final del viaje se acercaba, y con él el crepúsculo propiamente dicho. Pidió permiso y se puso de pié para intentar llegar a las puertas traseras. Cuando lo consiguió, presionó el timbre que resonó en todo el vehículo. Después de unos segundos, comenzó a disminuir la velocidad. Se paró en el primer escalón, hasta que el ómnibus se detuvo por completo. Seguía pensando que algo estaba mal, que algo no era normal. Al bajar del ómnibus miró hacia atrás y no vio a nadie más que al chofer, que lo miraba con una sonrisa dibujada en su cara. Intentó ver el sol, pero este ya no estaba y volvió la cabeza nuevamente al ómnibus que ahora era sólo un hombre sentado en el aire.

jueves, 19 de junio de 2008

¡¡¡Vendida!!!


¡¡¡Qué desesperación debe tener el señor que publicó este aviso en el diario!!!
Pide $ 140.000 por una camioneta Citroën Mehari del año 1975, lo que equivale a unos 7.000 dólares. ¡Casi nada lo del ojo! El dueño es uno de los pocos uruguayos que comprende que cada día los autos valen más. Cómo me gustaría ver esa camioneta. Tengo cierto gusto por ese tipo de vehículos, pero no me imagino el estado en que se encuentra precisamente esta.¡¡¡Qué caño!!!Bah, cuando vi el aviso lo primero que se me vino a la mente fueron lo zapatos de Ronaldinho, con oro en la vuelta, y luego el auto del “Agente 007”.Algo nos pasa. En fin, la mayor suerte a este señor, que venda su Mehari rápido(o que cambien el aviso del diario).





miércoles, 18 de junio de 2008

Un oso


Estaba sentado frente a la televisión mirando caricaturas. Se encontraba solo, sus padres habían salido. Llamó a sus amigos, pero ninguno podía venir porque tenían actividades pendientes. Dejó un momento el lugar donde estaba para ir a la cocina a buscar unas palomitas y un refresco. Luego de volver, cambió de canal, y sintonizó uno de sus programas favoritos de dibujos animados. Se recostó cómodamente en el sillón. Miró la hora, en su reloj calculadora, que marcaba las 21:30.Luego tomó su oso de peluche color marrón y le colocó dicho reloj en su muñeca. Enseguida le dio un abrazo, situándolo debajo del brazo. Comenzó a llover.
De repente sintió un ruido y salió afuera, pero no vio nada. Cuando volvió al interior de la casa observó un objeto brillante de color verde. Era un control de televisión, pero muy raro, con extraños caracteres. Luego de observarlo un rato, presionó un botón. Esto produjo que la televisión lo atrajera.
Se observaban todo tipo de colores, formas y tamaños. Había golosinas, juegos, caricaturas, superhéroes, princesas, monstruos, brujas, hechiceros, magia y muchas cosas más. Solo había una oportunidad para escapar, para salir de este mundo que para él era fantástico. Estaba a cinco pasos del portal pero solo faltaban cinco segundos. Debía elegir, o su familia, o este mundo irreal, pero extraordinario.
Luego un niño acostado durmiendo en un sillón frente a la televisión y en esta un oso de peluche de color marrón con un reloj calculadora en su muñeca.

viernes, 13 de junio de 2008


-Che ¿Qué es esto?
-Un libro, me parece.
-Ah, estás de gracioso,¿me viste cara de tarado?
-No, para nada.
-Bueno respondeme.
-Es un libro, fíjate el título: es “La Ilíada”, de Homero.
-¿La qué…?
-“La Ilíada”, muchacho.
-¿Y de quién dijiste que era?
-De Homero, un hombre del S VIII A.C, aunque se discute mucho sobre su existencia.
-La verdad que no entiendo lo que dice.
-Capaz que si pones el libro al revés lo podes leer.
-Ah bien, bien, ¿Es un embole no?
-No, nada que ver, está re buena la obra
-¿Y por qué se llama así?
-Porque hace referencia a Ilión, el verdadero nombre de la ciudad de Troya.
-Ah, y… ¿Cuál es el tema de la obra?
-La cólera de Aquiles.
-¿La enfermedad de quién?
-No muchacho, cuando digo “cólera” quiero decir enojo. Aquiles es un héroe, perteneciente a los aqueos.
-¿Y quien carajo son esos ateos?-
-Aqueos, no ateos, no seas canario. Los Aqueos son todos los griegos que fueron unidos por el rey Agamenón, porque Menelao, su hermano, le pidió que le ayudara a recuperar su areté.
-Ah, que te recontra, te entendí clarito. ¿Quiénes son esos?
-Ja ja. Agamenón es el rey de reyes entre los griegos. Hijo de Atreo. Padre de Efigenia y esposo de Clitemnestra. Como te dije es el hermano de Menelao. Es centrado y justo, esto es puesto a prueba cuando acepta consultar al adivino Calcante, sobre el por qué de la peste. También podemos asegurar que es un buen Rey, esto lo vemos cuando mata a su propia hija para que los Dioses, le envíen buen viento, favoreciendo así al pueblo. Además devuelve a la joven Criseida. Por otra parte sale a la lucha en la ausencia de Aquiles y le solicita a Aquiles que vuelva, por medio de Patroclo. Agamenón es una persona de gran integridad.
-Bah entendí, ¡no lo puedo creer!
-Me alegro che.
-No, digo que entendí que te comiste el libro.
-¡¡¡Mira que sos eh!!!
-Ja ja, dale contame.
-No, si me vas a tomar del pelo no.
-Dale seguí, no te hagas el perseguido. ¿Che y todo eso está en el libro? ¿Cómo pudo matar a su propia hija el tal Agamenón?
-No, por ejemplo la muerte de Efigenia es un antecedente. El autor no lo pone en la obra porque lo da por sabido. Y con respecto a cómo un hombre puede matar a su propia hija, es difícil de entender, pero la cultura griega es diferente a la nuestra. El tema es que los Dioses pidieron a Agamenón, a cambio de enviarle buen viento, la muerte de una joven virgen, y el Rey no podía arriesgarse con otra que no fuera su hija.
-Pobre mina.
-Y si, pero el pueblo estaba antes que los sentimientos individuales.
-Che, ¿y quién es Melao? .Porque me dijiste que era hermano del rey Agamenón, pero nada más.
-Menelao, querrás decir. Es el esposo de Helena. Este tipo es el que arma todo el bolonqui. El tema es así: esto tiene que ver con “El mito de la manzana de la discordia”.Tetis (Diosa) y Peleo (mortal), padres de Aquiles, se casaban, y a la boda asistieron todos los Dioses, excepto Eris, la Diosa de la Discordia. A la ceremonia también asistió Paris, un mortal. Obviamente Eris, estaba muy enojada, y no le gustó mucho que no la invitaran, y viste cómo es, empezó a pirar colores y mandó una manzana al festín, con una carta que decía que la manzana era “para la doncella más hermosa de la fiesta”.Imaginate el lío que se armó. Todas las Diosas empezaron a discutir y quedaron tres principales: Hera, Atenea y Afrodita (Diosa del amor). Así Zeus, que ahora te digo quién es, pide a Paris que decida. Entonces este mortal se entrevista con las tres Diosas, y todas lo quieren sobornar, pero solo consigue persuadirlo Afrodita, prometiéndole el amor de la mujer mas bella del mundo. De este modo Paris le da la manzana a la Diosa del amor y ella prepara encuentro entre Paris y Helena. Así el mortal se aloja en la casa de Menelao y de Helena y rapta a la mujer. Es así que Menelao pide a Agamenón que le ayude a recuperar su areté y a su esposa.
-¿Pero le robaron la gata o una caravana?
-La areté no es un arete. Areté proviene de la palabra aristocracia y significa los mejores, es algo así como virtud, valor, templanza; y sólo lo tenían los hombres nacidos en la aristocracia, y los Dioses masculinos. Cuando Paris rapta a Helena hace que Menelao pierda parte de su areté.
-Ah, ¿y por qué hay tantos Dioses? ¿No tenían nada que hacer los griegos que ponerse con locas pasiones?
-Los griegos eran politeístas (creían en muchos Dioses) y toda su vida giraba en torno a las divinidades. Zeus era el soberano entre todos los Dioses. Era el Dios con más poder. Era el cacique del Olimpo.
-¿De qué?
-Del Monte Olimpo, la montaña más alta de Grecia, donde habitaban todos los Dioses.
-Ah, re locos los macacos esos. Hablaste de un tal Aquiles hoy ¿quién es?
-Aquiles es un semidiós, como te dije un héroe aqueo hijo de Peleo y de Tetis. Le dicen “Aquiles el de los pies ligeros”, o “el Pélida”.
-¿Y eso?
-Le dicen de esta forma porque es hijo de Peleo, así como a Agamenón le dicen “Átrida” por ser hijo de Atreo. Pero déjame que te cuente. Existen tres mitos sobre Aquiles. El primero dice que Aquiles fue criado por Fénix, junto al centauro Quirón. Se afirma que la madre de Aquiles (Tetis), lanzó al fuego a su hijo, quemando al niño en parte de la cara (de la nariz al mentón), y en el pie. Desenterraron a un muerto (el gigante Dámaso) y le pusieron uno de sus huesos en la pierna de Aquiles. Esta es la versión mitológica por la cual dicen que Peleo eligió el nombre Aquiles pasa su hijo, ya que significa “sin labios”.La segunda versión mitológica plantea a Tetis que temía a los demás Dioses. Tetis quería darle la inmortalidad a su hijo (Aquiles), entonces lo baña en las “aguas estigias”, pero lo toma del pie sin dejar que esa zona penetrara en el agua, convirtiéndose en la única debilidad que tiene Aquiles. Hay una tercera versión que presenta a Tetis como una madre asesina de seis hijos y por esto Peleo aleja a Aquiles de Tetis, luego del parto, para evitar que esta lo matara; y cuando Peleo ve a su hijo, a este no se le podian apreciar los labios.
-Es complicado el tema che, pero está bueno.
-Si es muy interesante. Igual, yo no he leído todo el libro. Sólo leí el canto (la obra está dividida en “cantos”) I, el VI, el XVI, y el XXII.
-A ver contame un poco de cada uno, pero no seas masa que no quiero recitado, resúmelo un poco.
-El Canto I se llama “Peste. Cólera”. y me pareció el más complicado porque cuando lo vas a leer no estas en el tema y hay muchos nombres. Si entendés este Canto, después no tenés problema con entender los otros. Empieza diciendo “Canta, oh diosa, la cólera del Pélida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves -cumplíase la voluntad de Zeus- desde que se separaron disputando el Átrida, rey de hombres, y el divino Aquiles”. Comienza con la invocación a una Diosa que se discute puede ser Atenea o Minerva (es la misma Diosa para los griegos y romanos respectivamente). También vemos ahí el tema de la obra, como ya te dije, la cólera de Aquiles. Y además se resalta la frase más importante del libro: “cumplíase la voluntad de Zeus”. Luego de esa frase comienza a describir una serie de sucesos. Crises, el sacerdote del Dios Apolo, llega a las naves aqueas queriendo recuperar a su hija, la joven Criseida, esclava del Rey Agamenón. A cambio de esto ofrecía una recompensa, ¿me sigues?
-¿Eh?, si, si...seguí tranquilo que te estoy escuchando.
-Bueno…todos los aqueos aceptaron, pero Agamenón no estuvo de acuerdo y ofendió, insultó y amenazó a Crises, echándolo de las naves. Esto es muy grave ya que el padre de Criseida era un sacerdote, un anciano y venia como suplicante, tres personalidades que debían ser respetadas en Grecia. Crises se fue y mientras se alejaba de las naves aqueas dirigía suplicas al Dios Apolo, para que castigase a quienes tenían a su hija: “Paguen los dánaos mis lágrimas con tus flechas”.Apolo lo escuchó y bajó del Olimpo muy enfadado. En un principio comenzó a disparar flechas a los animales, y luego a los hombres. De este modo, como consecuencia de la putrefacción de todos los cuerpos esparcidos, surge la “peste”, que azotó al pueblo aqueo…
-Perdóname que te corte. O sea que si alguien me preguntara sobre cómo surge la peste, le tengo que decir que se genera a partir de la descomposición de los cuerpos,¿verdad?
-Exactamente. Después podrías agregar que según la visión de los griegos tuvo mucho que ver el Dios Apolo, y lo que Agamenón le hizo a Crises.
-Ah bien, bien.
- Bueno… luego de esto Aquiles convoca al pueblo a junta en la que deciden consultar al adivino Calcante, que le dice que la peste es consecuencia del ultraje cometido por parte del Rey Agamenón al sacerdote de Apolo (Crises), y que la única manera de que esta cese es devolviendo a Criseida a su padre. Agamenón decide hacerlo (enviándola en una nave, cuyo capitán fue Odiseo, quien fue el hombre que más hizo en el Canto I) por el bien del pueblo. Pero para resarcirse de la pérdida de la joven Criseida, obliga a Aquiles a entregarle a la hermosa Briseida, razón por la cual el Pélida entra en cólera, e indignado se retira de la lucha y ruega a su madre (Tetis) que hable con Zeus para que le de gloria. Tetis habla con Zeus y este le dice que le concederá gloria, pero que a cambio Aquiles va a morir joven. Luego de esto Hera (esposa y hermana de Zeus) se enfada con el propio Zeus, pero Hefesto los reconcilia con un festín.
-Esto es largo como esperanza de pobre, che…son muchos nombres…bueno dale contame de los otros cantos.
-A te ensalzaste y te gustó, ja ja. Otro de los que leí es el Canto VI, que se llama “Coloquio de Héctor y Andrómaca”.Coloquio significa plática, conversación. Héctor es el Rey de los Teucros (Troyanos) y Andrómaca es su esposa. Te voy a contar solo la despedida entre estos dos, sino te vas a terminar aburriendo: Héctor llega a su palacio en la ciudad de Troya. No encuentra a su esposa ni a su hijo. Entonces pregunta a las esclavas por Andrómaca. Ellas le contestan que la mujer partió hacia la muralla, con su hijo y una doncella. Héctor fue lo más rápido que pudo al encuentro con su esposa. Esta en cuanto lo vio también salió a su encuentro, con los ojos llorosos. Andrómaca dirige a su esposo palabras de insulto, pero no para molestarlo, sino por miedo y desesperación. Le pide a Héctor que no pelee, porque tiene miedo de que su esposo muera en la batalla, quedando su hijo huérfano y ella viuda. A su vez también Héctor se preocupa por su esposa y por su hijo, pero se encuentra comprometido con su pueblo, y no puede alejarse del combate. Toma a su hijo en los brazos y ruega a Zeus por el futuro del niño. Luego de esto, le pide a Andrómaca que vuelva a su casa, con su hijo, y que permanezca allí mientras los hombres luchan.
-No era fácil la cosa…
-Para nada. A lo largo del Canto VI se va pasando de algo enorme, como es el campo de batalla, a una escena íntima, entre Héctor y su familia.
-Ajá. Che, ¿dijiste que leíste el XVI?
- Así es.
-Déjame que lo busque, mmm…acá: Patroclea. ¿Por qué se llama así?
-Porque es cuando muere Patroclo.
-Ah… ¿y que le pasó al tipo este?
-Te cuento un poco lo que pasa en el Canto XVI, que como bien dijiste se llama “Patroclea”. Este tipo, como vos le decís, es un gran guerrero aqueo. Dejó a muchos Troyanos en el suelo, o sea muertos. El tema es que ningún mortal puede contra una divinidad. El Dios Apolo, con forma de hombre, golpeó a Patroclo en la espalda. Imagínate la fuerza de un Dios. El pobre Patroclo calló al suelo, casi sin fuerzas rompiéndosele la lanza y cayéndosele el escudo. Euforbo Pantoida aprovechó este momento para clavarle una lanza en la espalda…
-Uh, eso es ser cobarde.
-Esto es la guerra compañero.Euforbo arrancó su lanza Patroclo, pensando que había llegado el final del héroe aqueo. Sin embargo Patroclo aun estaba con vida, e intentaba retroceder al grupo de sus compañeros. Pero para desgracia de Patroclo y de todos los aqueos, Héctor se dio cuenta de lo que pasaba, y fue tras de Patroclo y le clavó la lanza en la parte inferior del vientre. Luego de unos momentos Patroclo murió. Che está bien que te copés pero es una historia, no te enojes.
-¡Es que da rabia che!.
Bueno ahora te vas a poder desquitar. El Canto XXII se llama “Muerte de Héctor”. Creo que no te tengo que decir lo que pasa, pero te voy a explicar como muere. No se si te dije que Aquiles era muy amigo de Patroclo, y cuando se entera de la muerte de este, vuelve a la lucha, por venganza. Aquiles entra en cólera nuevamente y va en busca de Héctor para asesinarlo. Apolo trataba de alejar a Aquiles del área de combate, pero este volvía. Los padres de Héctor (Príamo y Hécabe) rogaban a su hijo que se quedara dentro de la muralla, pero el Rey de los troyanos decidió salir al combate. Esperó a Aquiles fuera de la muralla, mas cuando este se le acercó salió huyendo…
-Terrible fantasma el loco ese, se hacía el machito y no aguantó nada.
-Bueno resulta que dieron tres vueltas alrededor de la ciudad de Troya. Aunque en la obra no se nombra, es innegable la presencia de caballos, porque es imposible que hayan corrido con sus propios pies, tres vueltas alrededor de una ciudad tan enorme como lo era Troya; ni siquiera Aquiles que era un semidiós podría haberlo hecho. Mientras corrían Zeus puso sobre la Balanza de Oro la suerte de ambos guerreros y vio que el día de la muerte de Héctor había llegado. Zeus era el único capaz de decidir sobre el destino de los hombres, no me acuerdo si te lo dije antes. En fin, luego de esto Atenea se presenta ante Aquiles, y le dice que no persiga más a Héctor, porque ella lo convencerá de que se enfrente a él. Así Atenea toma la forma de Deífobo, hermano de Héctor, y se presenta ante este, logrando persuadirlo de que luche con Aquiles. De este modo ambos guerreros se enfrentaron cara a cara. Aquiles arrojó primero su lanza, que fue esquivada por Héctor, pero Atenea se la devolví sin que este se diera cuenta. Luego Héctor lanzó su pica (lanza) que fue detenida por el escudo de Aquiles. Enseguida Héctor pide otra lanza a su hermano Deífobo, pero este ya no estaba y comprendió que todo había sido un engaño de Atenea. El troyano arremete contra Aquiles, pero este le clava la lanza en el cuello, sobresaliendo por el la nuca. Héctor ruega a Aquiles, que no deje que los perros despedacen su cuerpo, y que sea entregado a su familia. Pero Aquiles no acepta la petición. Después de unos momentos Héctor perdió la vida. Aquiles lo ata del carro y lo lleva de arrastro. Bueno en esto termina el canto. Ya te expliqué bastante. Ah, me olvidaba de decirte que la obra termina cuando la familia de Héctor recupera el cadáver de este. Se ve que te interesa mucho
-Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz...
(Pido a todo aquel que necesite información estricta de la obra, para una aplicación académica y/o profesional, que recurra a la lectura del Libro que es la fuente más directa y confiable.Muchas gracias).

jueves, 29 de mayo de 2008


He pensado varias veces lo lindo que sería escribir una novela. Así mismo me he planteado la dificultad que esto conllevaría. Me ha pasado muchas veces que parto de una idea, destinada a una novela, y termino convirtiéndola en un cuento o en un relato. A veces parece que las ideas tuvieran vida propia, porque en ocasiones tengo la sensación de que ellas me guían a mí, y no, yo a ellas, como debería de ser (¿Debería?).El escribir una novela implica un desafío enorme, con el tiempo, con el pensamiento y con el lenguaje. Hablar del tiempo como disponibilidad horaria, y que la escasez de esta seria una causa que me impediría escribir una novela, sería mentir. Sin embargo me refiero al tiempo como cambios, como una forma de describir las variaciones en los estados de ánimo de una persona, de las ideas y de la opinión sobre esas ideas. Se trata de una idea continua y no de ideas sueltas, o bien de intentar unir todas esas ideas. Algunas veces las ideas fluyen con facilidad, pero otras hay que exigir a la mente para obtenerlas. No digo que escribir se vuelva una tortura, ni mucho menos, sino al contrario, solo que muchas veces resulta más difícil y más placentero de lo que parece. Hay que apelar al ingenio para poder intercalar cuidadosamente cada pieza en el lugar correcto.
El escribir puede ser comparado con una carrera de caballos. En el cuento el jockey intenta llegar a la meta en un tiempo corto, y dentro de ese tiempo debe planear su actuación. No necesariamente el que llegue primero gana, pero lo que sí es verdad, es que tiene un límite (no exacto) de tiempo (¿Lo tiene?).La emoción de la llegada es inmensa y los hechos ocurren precipitadamente. El peligro de agotamiento del equino es mínimo. Existe la posibilidad de correr varias carreras en un mismo día y lo curioso es que al principio de cada carrera el caballo parece no haber corrido la anterior, porque está absolutamente descansado. Cada pista de carrera es diferente. Una carrera puede ser sobre césped, la otra sobre tierra, en incluso puede no haber pista(lo que no significa que no halla carrera).
Por otra parte en la novela ocurren los sucesos de otra forma. El jockey debe frenar al caballo tanto como pueda para no llegar a la meta antes de lo necesario. Sólo debe cruzar “el disco” cuando esté pronto para hacerlo. Ocurre frecuentemente que el equino se cansa debido a que la distancia es mayor y también lo es la duración de la carrera. Se debe tener cuidado de mantener al caballo en la senda correcta, para que este no se desvíe y para que los demás no lo choquen. Muchas veces el equino corre en vano casi hasta el final, y cerca de la meta cae muerto, por la propia voluntad de jockey. Tampoco debe ser el fin frenar al caballo más de lo debido, ya que si esto pasa la carrera se torna aburrida y esto puede no agradarle a los espectadores. Tiene que llegar en el momento justo, ni antes, ni después. Para esto el jockey debe tener experiencia y conocimiento del animal. De otra manera se tornaría muy difícil “ganar la carrera”.